El Domingo de Ramos es una celebración religiosa en la que los cristianos conmemoran la entrada de Jesús a la ciudad de Jerusalén, aunque en la actualidad para muchos lo consideran como el inicio de la Semana Santa.

Los trabajos de remodelación en el centro de la Capital no frenaron la esperanza de reactivar el comercio de docenas de familias que, con la venta de palmas y cruces, esperan dar un buen inicio a la Semana Santa con el Domingo de Ramos.
Desde el Parque Central, frente a la Catedral San Miguel Arcángel, la presencia del color verde transmitida por las familias que llegaron al Distrito Central nos recuerda la entrada triunfal del hijo de Dios a Jerusalén.
La tradición católica de la palma de ramos para celebrar la llegada triunfal de Jesucristo a Jerusalén se mantiene en la capital gracias a la resistencia de las mujeres de los municipios cercanos a la capital que resisten contra el tiempo y el avance del secularismo y preparan las decenas de miles de estos productos religiosos que ofrecen a los fieles cristianos.
Padres y madres junto a sus hijos, provenientes de municipios aledaños, ofrecen desde ramitas sencillas hasta elaborar las cruces.

Celebración católica
Esta fecha se celebra con la distribución y bendición de ramas de palma, que representa las ramas que esparció la multitud frente al hijo de Dios en su entrada a Jerusalén.
Con esto da inició a la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios, uno de los acontecimientos más importantes del cristianismo y de la humanidad.
Una vez más, como viene siendo una tradición, los pobladores de los municipios alrededores de la capital hondureña llegan al Distrito Central para apersonarse al frente de varias de las iglesias para ofrecer los ramos a la población capitalina.
Para esta preparación, los campesinos se alistan una semana antes del Domingo de Ramos, pagándole al mozo para que corten el producto de los árboles de palma, financiar los costos para transportarlos a ellos y su carga hacia la capital hondureña.
Desde las horas de la madrugada del viernes, los campesinos se movilizaron a Tegucigalpa en camiones, llegan a las iglesias, bajan su carga y empiezan a hacer las palmas y las cruces de ramos para celebrar esta festividad cristiana.
Todo este trabajo lo realizan con el único objetivo de vender todas las palmas de ramos y obtener una ganancia que puedan llevar a sus comunidades.
Muchos lo hacen para ganar algo de dinero y contribuir a la economía de sus familias, otros por tradición y algunos lo hacen porque mantienen la fe y celebrar esta festividad cristiana.

Panorama difícil
Hoy el panorama es difícil para estas vendedores de palmas de ramos, en el primer día no lograron obtener mucho la atención de los transeúntes para que compren sus productos.
Asimismo, tienen que estar bajo un fuerte sol que azota gran parte del territorio hondureño, con temperaturas que han superado los 30 grados Celsius durante la semana y el aire que podría perjudicar sus pulmones debido a que está contaminada por incendios desatados en las montañas que bordean la capital.