Opinión: La muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el pasado domingo 22 de febrero de 2026, marca un punto de inflexión en la geopolítica del crimen organizado.
Su caída, tras un intenso operativo de la SEDENA, Fuerzas Especiales Mexicanas, la Guardia Nacional y Fuerza Aérea en México con la cooperación y la colaboración de las autoridades estadounidenses, que proporcionaron información de inteligencia complementaria, no solo descabeza a una de las estructuras más violentas del continente, sino que activa una onda de choque que llegará inevitablemente a las costas y fronteras de Honduras.
Bajo el mando de Oseguera, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se consolidó como una maquinaria financiera con activos de miles de millones de dólares y operaciones de alcance global.
Más que un cartel, funcionaba como una corporación criminal donde “El Mencho” ejercía de CEO.
Hoy, esa estructura enfrenta una sucesión sangrienta. La historia del narcotráfico nos enseña que estos vacíos de poder se llenan con balas: los lugartenientes lucharán por la cúpula mientras carteles rivales intentarán arrebatarles territorios estratégicos.
La relevancia de este evento para Honduras es directa y alarmante. Según el Informe sobre la Estrategia Internacional de Fiscalización de Estupefacientes 2025, nuestro país es terreno de operaciones para gigantes como el CJNG, el Cartel de Sinaloa, el Tren de Aragua y el Clan del Golfo.
Estas redes no operan solas; cuentan con el brazo ejecutor de estructuras locales como la MS-13 y la Pandilla 18, infiltrando los tejidos económicos, políticos, sociales y judiciales de la nación.
Hasta ahora, los esfuerzos estatales han sido ineficaces e insuficientes. La capacidad de estas organizaciones para permear las instituciones de seguridad y defensa exige una respuesta que trascienda la retórica.
En este escenario de inestabilidad regional, la voluntad política es el único escudo real. Como ciudadanos, la exigencia hacia el mandatario electo, Nasry Asfura, debe ser absoluta: se requiere un liderazgo estratégico, valiente y alineado con los intereses nacionales y los aliados internacionales.
La lucha contra el crimen organizado formará parte de la agenda en la próxima cumbre presidencial en Estados Unidos, y Honduras no puede llegar con las manos vacías o con funcionarios improvisados.
Actualmente, el proceso de nombramiento en las carteras de Defensa, Seguridad e Inteligencia (Unidades especializadas de inteligencia pendientes de nombrar), genera una duda razonable: ¿Se está eligiendo por competencia o por compadrazgo?
“La guerra es la política por otros medios”. Si el nuevo gobierno no selecciona a sus cuadros basándose en rigor técnico y solvencia ética, Honduras repetirá los errores históricos que nos mantienen en la zozobra. La supervivencia del Estado depende de que quienes dirijan la seguridad, la defensa y la inteligencia tengan la capacidad de distinguir el bien del mal, pero, sobre todo, la lucidez para entender la realidad de una amenaza que no da tregua.


